Menopausia Feliz: Mitos, Verdades Y Estrategias para la Transición.

by | 31 Mar 2025

Aclarando conceptos.

La menopausia es el acontecimiento biológico que marca la transición entre las fases reproductiva y no reproductiva en la vida de la mujer. Por lo general, tiene lugar en torno a los 45-55 años y se produce por la pérdida progresiva de la función ovárica. En este proceso tienen lugar tres cambios físicos significativos: la disminución en la producción de hormonas femeninas (estrógenos y progesterona), el cese en la liberación de óvulos y el fin del periodo menstrual. La condición clínica se diagnostica tras 12 meses consecutivos sin periodo menstrual.

El climaterio es un concepto relacionado, pero abarca un periodo más amplio incluyendo la premenopausia y la primera etapa de la postmenopausia. Los cambios que acontecen durante la transición pueden ser desfavorables en aspectos relacionados con la salud y calidad de vida de las mujeres, si bien es cierto que existe una gran variabilidad en la cronología, intensidad y vivencia de los síntomas. La mayoría de las enfermedades asociadas a la menopausia son multicausales y algunas problemáticas simplemente debidas a la edad. Se reconoce, además, que intervienen factores culturales, sociales, ambientales y/o psicológicos, configurando un proceso dinámico, en el que todas las manifestaciones del climaterio y la menopausia se vuelven complejas y variadas.

Síntomas y Signos asociados.

Prácticamente todas las mujeres experimentan irregularidad menstrual y fluctuaciones hormonales antes de la menopausia clínica. En líneas generales, el climaterio puede venir acompañado de una sintomatología física, como síntomas vasomotores (sofocos, sudoración nocturna), alteraciones genitourinarias (sequedad vaginal, propensión a infecciones urinarias), pérdida de elasticidad en la piel, mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y osteoporosis. La pérdida de masa ósea comienza a ocurrir y los cambios

metabólicos pueden venir acompañados de un aumento de peso. Se produce una redistribución de la grasa corporal y, en consecuencia, una modificación de la figura.

Junto a estas alteraciones, suelen aparecer dificultades psicológicas de forma primaria o secundaria a otros cambios. La deficiencia de estrógenos puede alterar los niveles de algunos neurotransmisores y con ello inducir cambios en el estado de ánimo o en la función sexual. Es frecuente la aparición de síntomas depresivos, ansiedad, alteraciones del sueño, fatiga, irritabilidad, disfunciones sexuales (disconfort, disminución de la libido) o baja autoestima.

A los factores biológicos y psicológicos se añade, en muchos casos, la carencia de información y recursos de afrontamiento, condicionantes sociales y culturales, y otras variables de índole afectiva o personal, que pueden propiciar una transición estresante para la mujer.

Qué nos dice la cultura y sociedad sobre la menopausia.

El hito de la menopausia y los fenómenos que la acompañan han sido cultural o socialmente vinculados a una pérdida de valor en la vida de la mujer, al marcar un punto de inflexión en su proceso madurativo, diferenciado de los hombres. Tradicionalmente, se ha visto asociada con el fin de la belleza y la sexualidad, la decadencia física, psicológica o social, el inicio de la vejez y la enfermedad, o el final de la vida útil.

Este conglomerado de mitos y estereotipos ha condicionado, en gran medida, la respuesta de las mujeres durante la transición, propiciando una vivencia con frecuencia silenciosa, acompañada de sentimientos de incertidumbre y confusión.

Los factores psicosociales y culturales tienen una importancia considerable en la percepción de este período por parte de las mujeres.

En el ámbito sanitario, los problemas derivados de la menopausia se han contemplado tradicionalmente desde el modelo biologicista, obviando los parámetros de índole psicosocial, y dando una visión del climaterio sesgada y simplificada, más enfocada a la enfermedad que a un proceso natural de cambio. Se ha construido como una entidad clínica, un síndrome, y como tal ha sido medicalizada.

Como resultado, las mujeres suelen estar más atendidas en su aspecto asistencial que en el preventivo o de promoción integral de la salud. Esta visión ha ido cambiando en las últimas décadas. Comienza a prestarse atención al bienestar psicológico de la mujer, aunque no de manera eficaz. El aumento en la esperanza de vida, y sobre todo el cambio de actitud de las mujeres, han hecho proliferar las consultas clínicas y demandas de atención no exclusivamente médica.

Esta etapa forma parte del proceso natural de envejecimiento. Desmitificar el proceso, visibilizar este periodo vital, educar para la menopausia, se hacen indispensables para ayudar a la mujer a transitar de la incomodidad al empoderamiento.

Afrontar la menopausia desde el empoderamiento.

Con la esperanza de vida actual, más de un tercio de la vida de las mujeres transcurrirá después de la menopausia. No todas las mujeres serán madres, pero sí tendrán la menopausia. Aunque el proceso biológico típico será similar, la experiencia podrá variar sustancialmente debido a las diferencias en la naturaleza y gravedad de los síntomas, pero sobre todo atendiendo a la forma de afrontar el proceso y a otros factores de índole psicológico, social y/o contextual susceptibles de cambio.

Para la mayoría será una transición normal relativamente benigna y parte natural de un envejecimiento sano. Para otras, la incomodidad de sus múltiples manifestaciones podrá afectar negativamente a su vida cotidiana. En ambos casos, el conocimiento previo de los cambios que se producen en esta etapa facilitará el afrontamiento positivo y la reducción del estrés.

Más allá del abordaje de los síntomas específicos, el acompañamiento psicológico puede ayudar al empoderamiento de la mujer apostando por una intervención sobre los factores que modifican su experiencia, con el fin de

mejorar su percepción sobre este periodo. La nueva concepción de atención al climaterio exige la adopción de estrategias de intervención basadas en la psicoeducación, desarrollo de habilidades para el manejo de los síntomas y fomento de una actitud más participativa de la mujer hacia el autocuidado.

Recursos para la transición climatérica.

El protocolo de intervención para el tratamiento de la sintomatología asociada a esta etapa, continúa siendo la prescripción de terapia hormonal sustitutiva (THS) o administración de estrógenos, que si bien alivia algunos síntomas molestos de la menopausia (sofocos, sudores), está contraindicado en muchas condiciones (diabetes, hipertensión, obesidad o tabaquismo, entre otros), presenta efectos adversos y resulta claramente insuficiente para el abordaje psicológico.

Desde un enfoque biopsicosocial, resulta relevante atender a la prevención y promoción de la salud mediante el abordaje de tres aspectos esenciales: el autocuidado, la vida activa y el cultivo de una red de apoyo social.

En este sentido, las modificaciones en el estilo de vida deben ser la primera línea de acción. Algunas recomendaciones básicas de autocuidado serían: mantener un peso corporal adecuado, realizar ejercicio físico regular, evitar hábitos tóxicos, mantener una dieta equilibrada y fomentar la actividad sexual. Estas pautas conductuales pueden contribuir a la reducción de los síntomas vasomotores y genitourinarios, a la prevención del riesgo cardiovascular o de pérdida de masa muscular, desajustes emocionales, o disfunción en el patrón del sueño. Es aconsejable el mantenimiento de una vida activa que incluya actividades de ocio, ejercicio cognitivo y fomento de redes sociales. Una guía de apoyo psicológico puede ayudar a la implementación de hábitos saludables mediante el aprendizaje de estrategias de fomento de las relaciones sociales, planificación de actividades placenteras o entrenamiento en administración del tiempo, entre otras habilidades.

Para las mujeres que experimentan labilidad emocional, es conveniente iniciar una terapia psicológica previa a la transición, en la llamada “ventana crítica”. Las técnicas de control del estrés y estrategias para el manejo de la ansiedad pueden ayudar con las alteraciones emocionales, síntomas vasomotores e insomnio. El refuerzo de la autoestima puede ser necesario, al tratarse de un constructo relacionado con la salud sexual y la imagen corporal, frecuentemente afectados durante el climaterio.

Con respecto a las dificultades sexuales, numerosos estudios muestran los beneficios de mantener una vida sexual activa. Para combatir la sequedad vaginal, existen opciones sencillas como lubricantes íntimos e hidratantes vaginales. La propia actividad mejora la lubricación al optimizar la circulación vaginal. Son recomendables, en esta etapa, los ejercicios para fortalecer la musculatura del suelo pélvico o mejorar la elasticidad. La terapia sexual puede proporcionar soluciones a otras alteraciones de la esfera sexual, mediante el conocimiento de los cambios que acontecen y la reorientación hacia una sexualidad menos genitalizada.

Consideraciones finales.

Con el envejecimiento ocurren cambios biológicos a todas las personas, hombres y mujeres, que no determinan limitaciones importantes, por lo que puede mantenerse una buena calidad de vida.

En medio de los cambios y desafíos que la menopausia puede traer, afrontar este ciclo vital de manera natural y positiva implica dotarlo de un nuevo significado, atendiendo a todas las condiciones que contribuyan a hacer agradable y valiosa la vida, especialmente en relación con la salud y sus dominios. La madurez también puede ser una etapa de florecimiento y plenitud. Una oportunidad para reorientar el sentido vital hacia el pleno desarrollo intelectual, el acompañamiento social nutritivo y la integración personal.

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